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Crónica de una temporada: Rayo Vallecano

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La temporada 2016/2017 no será recordada por la hinchada franjirroja por ser una de las más jugosas. No obstante, si tuviéramos que resumir este año parafrasearíamos al delantero franjirrojo Javi Guerra, cuando ante los micrófonos de Unión Rayo aseguró que iba a ser un “año de mierda”. Honestamente, no se me ocurre mejor manera de definir un curso deportivo marcado por lo extradeportivo, con una masa social franjirroja harta de la pésima gestión del actual presidente del Rayo Vallecano, Raúl Martín Presa. Resulta anecdótico que el equipo haya acabado duodécimo con 53 puntos.

Una temporada de ‘mierda’

Desde mucho antes de comenzar la Liga, el Rayo Vallecano ya andaba a lomos de un caballo llamado hartazgo. Hartazgo de una afición que ya ha dicho basta, que no aguanta más la manera de dirigir el Club de la actual directiva. El descenso consolidado en Anoeta fue el punto de inflexión y el inicio de la cuesta abajo, marcada por un verano en el que se hicieron cosas mal. La primera, la no renovación de Felipe Miñambres y Paco Jémez, los hombres que habían hecho crecer al Rayo Vallecano en Primera División. Después, conforme avanzaba el verano, la falta de fichajes y la incorporación de José Ramón Sandoval al banquillo rayista fue aumentando el nerviosismo del rayismo. Sandoval no era del agrado de parte del vestuario, por lo que la situación comenzó a torcerse poco a poco, hasta que estalló en Almería, con un enfrentamiento entre el míster, Miku y Trashorras.

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No es más que un ejemplo de la pésima temporada que ha vivido el rayismo en el panorama extra deportivo. Más pendientes del palco que del césped, los cánticos partido tras partido contra el Presidente han sido la nota dominante. El “Presa vete ya” parece no afectar a un dirigente que sigue dando bandadas en la dirección rayista. Para tratar de frenar la labor de Raúl Martín Presa al frente del Rayo Vallecano ha nacido la Asociación de Accionistas ADRV, que pretende aglutinar las acciones de los rayistas y recuperar el Rayo para su afición.

En definitiva, una temporada en la que los focos de lo deportivo no han brillado, que arrancó con el objetivo del ascenso a Primera y que terminó con la amenaza del descenso a Segunda B, una salvación que ha contado con la presencia de tres entrenadores.

Sandoval, un parche tras Jémez

Con la vitola de haber sido el último entrenador en haber ascendido al Rayo Vallecano a Primera División llegaba José Ramón Sandoval a Vallecas. Pero la situación era distinta, el vestuario otro y algún futbolista que no quería su llegada.

Pese a todo, la pretemporada de Sandoval al frente del Rayo fue magnífica e hizo soñar con un gran año, ya que el equipo llegaba al primer partido de Liga invicto, sin haber perdido en pretemporada y con victorias sobre Leganés (2-0) y Osasuna (1-5).

Pero el debut liguero fue pésimo, con una insulsa derrota en Elche (2-1) que sería el reflejo de lo que iba a ser la temporada, y con una mínima esperanza: el debut de Fran Beltrán con el primer equipo. Sandoval estaría en el banquillo 13 partidos de Liga, en los que sumó cuatro victorias y tres empates, logrando 15 puntos.

El cambio de estilo de Baraja

Rubén Baraja llegó al Rayo Vallecano en noviembre, tras la derrota en Vallecas ante UCAM Murcia (0-1). Con el vallisoletano al frente, la apuesta deportiva parecía que iba a cambiar, a ser más conservadora. También llegaría con la intención de tratar de dominar un vestuario que no había sabido gestionar Sandoval, incluso se llegó a especular que las “vacas sagradas” le habían “hecho la cama”.
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Sea como fuera, Baraja llegó con ilusión, con ganas y con profesionalidad, pero si algo fallaba era el estilo de juego. El técnico apuesta por el fútbol austero, algo muy distinto a lo que estos futbolistas estaban acostumbrados en la “era Jémez”.

Así, Baraja también está al frente del banquillo 13 partidos, los mismos que Sandoval, pero suma tan solo tres victorias y cuatro empates, cosechando 13 puntos. Su último partido sería ante el Mirandes en Vallecas (1-2) tras el cual la directiva tomó la decisión de cambiar de timón y confiar en Míchel.

Todos somos Míchel

La llegada de Míchel al banquillo fue convulsa. Para unos, podía ser un marrón que el canterano tomase las riendas del equipo, para otros, no había otro hombre mejor para tratar de arreglar el desaguisado que se había convertido el equipo. Inmerso en puestos de descenso, el drama de la segunda B y el paralelismo con el descenso del año 2004 planeaba sobre la Avenida de la Albufera.

Pero poco a poco, Míchel fue tomando el mando y haciendo cambiar a los futbolistas que hasta hace poco no valían. Es verdad que le costó ganar esa batalla, es más, llegó a tener al equipo hundido y cuatro puntos por debajo de la salvación tras la derrota en Cádiz (1-0), pero siguió confiando en su sistema y logró sacar el barco a flote.
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Con Míchel se lograron seis partidos consecutivos sin perder y se rompió la mala racha a domicilio, con una sola victoria hasta su llegada. Se venció en Girona (1-3) dando una lección de fútbol y el equipo fue poco a poco escalando, hasta el punto de llegar a soñar con el playoff en la previa del partido ante el Huesca (2-0). Una auténtica utopía si se analiza de dónde venía el Rayo, pero que deja muy claro el ‘efecto Míchel‘ y lo que el técnico ha logrado.

Finalmente se salvó la categoría con un empate en Zaragoza (1-1) a falta de dos jornadas para el final de la Liga, y Míchel se confirmó con el técnico del próximo curso, tras lograr la permanencia y mejorar los malos números de Sandoval y Baraja. En total, Míchel ha dirigido 16 partidos, con 7 victorias y 4 empates, sumando 25 puntos.

Una temporada con tres entrenadores que rozó el drama en lo deportivo, pero que en lo institucional todavía sigue naufragando y no se vislumbran raíces de mejora.

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