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Primer equipo

Benditas contradicciones

A veces es bueno ver partidos solo. Adviertes detalles que los demás no ven.

Mientras los abrazos de alivio se sucedían entre vosotros, Michel se despidió de Abelardo. Después caminó hacia el centro del campo para felicitar a unos y otros y limar alguna aspereza. O eso pareció. En realidad está tan acostumbrado a ese paseillo que le lleva al original túnel de Vallecas que el tramo hacia los demás vestuarios se le hace corto. El técnico de la franja rió por lo bajini y tarareó , que yo lo ví, «Here comes the sun», turururu. En pleno diluvio.

La lluvia, que a otro Rayo hubiera espantado a este le espoleó para ganar en un campo del norte frente a un equipo de brújula firme y pierna fuerte, competidor decidido y aguerrido de campo de fútbol antiguo que, mierda de fútbol moderno (perdón por lo de moderno) , perdió a su faro Ibai  por un fajo de billetes del vecino rico, el que despreció a un hijo para convertirlo en pródigo cuando vinieron mal dadas. A nosotros tres puntos y plín, porque la jugada nos puede reforzar con Unai, a ver si viene y nos dejamos de «ays», pero no dejan de ser tristes estas cosas del deporte de lunes, de viernes y de bancos patrocinadores que se alternan en el bipartidismo bancario futbolero ante el que protestó con justicia y valores la grada babazorra, afición cuanto menos hermana. El  reclamo sin embargo fue  ignorado por la retransmisión televisiva del evento en un triple Axel sobre el césped mejor que los de nuestro campeonísimo Javier Fernández sobre el hielo y que causó en nosotros un dolor y estupefacción similar a los de la rodilla de Carolina Marín (vivan nuestros deportistas pioneros en deportes minoritarios, ¡ea!).

Empezó el partido con un aviso de Álex Moreno. Salir enchufado a los partidos es uno de esos detalles que marcan diferencias en partidos igualados.

Hasta hace poco nos hartamos de escuchar «Seven Nations Army» en el resto de campos a fuerza de encajar goles y ahora somos la «Armada de las Siete Naciones» (o incluso más), con un macedonio, un peruano, un senegalés, un uruguayo, un franco-belga-congoleño, un argentino y varios españoles en el campo.

Antes sonaban los White Stripes en los estadios que visitamos y ahora resuena nuestra «Red Stripe».

De un mes a esta parte hemos cambiado la modernidad del VTC con chofer, botellita de agua y traje de salir al toque perfumados y dando facilidades por el taxi de siempre, de cuero con funda de skay, con protector cervical en forma de tres centrales que protesta tirando pelotazos cuando es debido retorciéndose para defender lo que cree que es justo, que escucha la SER cuando es debido, la COPE cuando se agremia  o si es necesario saca a Jiménez Losantos para repartir odio en forma de agarrón, pisotón, patada en la canilla o insulto . Y en blanco y con franja roja, que ya está bien de verlo todo de negro, oiga.

Salimos ahora a ganar como si fuéramos el Tribunal Supremo. A ratos por lo civil, con posesión y movilidad, a ratos por lo penal con faltas tácticas , a ratos por lo contencioso-administrativo con mini-tánganas o pérdidas de tiempo, por momentos por lo social, dando alegrías a un barrio como el nuestro e incluso por lo militar con una disciplina y orden que no se veía en Vallecas desde tiempos de Juan de la Cruz Ramos.

Jordi Amat hizo un revival al final del primer tiempo con un pasecito de los que llevaron al banquillo a su amigo Alejandro, pero el disparo de Burgui se estrelló en el palo y Míchel en el descanso le preguntó cómo se atreve, con una entrada al vestuario cercana a la gremial del taxi querer volver a lo «moderno». (0-0).

En la segunda parte volví a mirar, en el silencio de mi salón y el estruendo de mis pipas con sabor a bacon-barbacoa (no hay mejor remedio para la «comedura» de uñas, lo prometo) al director técnico de la franja. Le intuí un «vos» en su habla, vi en sus bolsillos unas gafitas de entrenador repeinado con sonrisa psicopática y supe que marcaríamos pronto. Míchel hizo de Simeone primero y de Bordalás después y el Rayo se pareció a rojiblancos y azulones.

Salió intenso y decidido a lastimar al rival, a acorralarlo, a golearlo, a anularlo. Así lo hizo. Trejo avisó (nobleza obliga) y De Tomás tras una buena jugada que es el reflejo de la actual «Red Stripe» adelantó a los nuestros. Primero lo intentó él, luego Embarba se sacó un gran disparo que el poste escupió, luego Advíncula hizo un centro primoroso en su proporción habitual, la que reclaman para sí los taxistas frente a los VTC, 1 de 30 y RDT saltó imperial para llamar a las puertas del cielo y si sigue así a las de la selección (peores jugadores he visto allí  yo en la era de Luis Enrique).

En Vitoria llovía, el Alavés apretaba y el Rayo resistía, Dimi caía, Santi crecía, Trejo pausaba, Imbula agarraba, luchaba y a la primera la daba, Medrán saltaba y el tiempo corría,Alvaro la esquina ocupaba,  Bebé chupaba tras su amarilla y una luz de alarma se encendía, la de perder a Comesaña y Tiago para la próxima herejía, la de un partido en lunes laborable que es peor que beber lejía.

Había que terminar y terminamos, la grada gritó «Goazen» y nosotros  «Vamos», nos llevamos los tres puntos, unidos, con fuerza, juntos, con una racha que llena de ilusión sin empachos, victoria en Mendizorroza, salir del descenso siendo de cemento, hormigón y no de loza, y esperar que acierten y traigan buenas «cosas» Cobeño y los de los despachos.

Mirad la tabla y el calendario  hembras y machos, está más rica que un pastel de Cabracho, fuera de los puestos de segunda, ganar al Leganés el lunes, acercarlos a la tumba, mi cabeza retumba, y solo puedo decir ¡hasta el próximo lunes, muchachas y muchachos!

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