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Pellízcame

Desconfiado por naturaleza y «muertomatao» tras cruzar Vallecas en la Carrera del Árbol, un aficionado rayista recibió de su pareja una invitación que no pudo rechazar. El plan consistía en un paseo, portes pagados, en el que el runner mutaría en sherpa acarreador de saco de pienso para perros, bolsa frutal y media sandía volumen tipo balón medicinal.

La shopper premió al carretillero con una visita al super-random de la Avenida de la Albufera, un lugar donde el infeliz buscaba encontrar el amuleto definitivo con el que defenderse del monstruo de Leganés.

Encontró en la zona de frikis amantes de la malta un botellín de lúpulo cuya etiqueta rezaba «Albufera Monster, el ataque de la anguila gigante» y no lo dudó. Nada podía fallar. El Rayo Vallecano obtuvo el pase a la final por el ascenso a primera división tras derrotar al Leganés en Butarque por 1-2.

Cómo era de esperar los locales se lanzaron al ataque desde el arranque.

Cómo era de prever los pepineros buscaron el flanco derecho visitante,el ocupado por un zaguero sin ritmo y con poca experiencia y un volante muy ofensivo.

No debió intuirlo el Rayo pues Rober Ibáñez anotó el primero del Lega tras recibir en el punto de penalti un pase desde ese lado donde Mario no estaba e Isi hizo «pellas» en la clase de «contundencia en el área propia» al dejar pasar el balón (1-0). En un cuarto de hora la franja estaba por debajo en el marcador y sus dos centrales habían visto ya una tarjeta amarilla.

El campo de Butarque se había convertido en Arroyo del mismo nombre y de allí comenzaba a surgir en la mente de los jugadores del Santa Inés el monstruo de Leganés.

El arroyo creció hasta convertirse en lago y los peloteros de Vallecas se mostraban incapaces, quizá por falta de costumbre de achicar agua. Hasta los más veteranos eran incapaces de domar el balón que más que parecía ovalado, pepinero, y la angustia crecía a este lado del puente de Vallecas. La suerte quiso que el monstruo de Leganés, como buen pepinero fuese vegano.

Con un Rayo atenazado y acorralado Garitano, temeroso del estado físico de los suyos les hizo frenar una marcha e Iraola, incrédulo ,lo agradeció.

Los últimos minutos de la primera mitad de previsible acoso local se convirtieron en un ejercicio de oficio visitante en los que no ocurrió nada o simplemente pasó lo que quiso Trejo. Aliviado con la llegada del descanso, el hincha recadero se acordó del botellín que enfriaba en la nevera, buscó el abrebotellas y con él en la mano le dijo «Calienta que sales».

El segundo acto del choque fue otra cosa. En las pantallas de Butarque se proyectó «Un monstruo vino a verme» y los de Iraola volvieron a ser los que gustan de ser. El balón se volvió redondo, el Leganés perdió a Jonathan Silva, dolor de muelas permanente y se sintió cansado y presionado.

Mientras tanto el presidente de la Academia hizo una segunda parte digna de un Óscar, casi marcando gol en un centro al área, provocando con su centro el empate de Sergio (el no quería) y sacando la mesita de trilero en medio de la cancha mientras mostraba y escondía la pelota a los futbolistas locales al grito de «¿donde está la bolita?» entre giros y arabescos.

El arroyo de Butarque volvió a su sitio, Trejo sonreía tranquilo y sus compañeros eran alumnos aventajados de su oficio, estrangulando cual anguila gigante al Leganés, equipo monstruoso pero vegano que rechazó la carne más que por convicción por estar poco hecha.

Esteban Saveljich y Álvaro García, ambos lesionados pendientes de evolución resultaron los damnificados de un Rayo que sentenció al presentar en punta de nuevo a un falso delantero centro. Lo de Qasmi era tan insostenible que con Bebé entre algodones y Ulloa y Guerrero inexistentes Andrés tuvo su oportunidad y la aprovechó.

El Martín pescador remató la jugada que comenzó él, Fran García convirtió en prometedora con un centro medido a Isi y el murciano, generoso y práctico remachó con un «métela tú, Andrés» de manual. (1-2).

Los diez minutos finales, faena de aliño, convirtieron a Vallecas en víctima de una nueva epidemia, la de moratones entre unos vecinos que solo acertaban a decirse «pellízcame » ante el claro triunfo claro de la franja en el que nadie creía ante un Leganés que parecía superior.

Bloqueado, el porteador frutal quedó pensativo frente al televisor. Su mujer le sacó del «coma» y le preguntó si estaba bien.

El tipo, feliz pero preocupado, asintió y no supo si encontrará otro amuleto contra el Girona antes de que el Rayo encuentre un sistema de entradas apañado para el domingo.

Veremos.

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