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Rayo Vallecano 1-2 Girona: ‘Obligados a una heroica’

Debía ser un sueño y fue una pesadilla. El Rayo Vallecano cayó en la ida de la final del playoff y se complica un mundo su regreso a Primera. Ha elegido el camino más difícil, la pastilla azul. Y sólo le queda una épica en Montilivi: deberá ganar marcando, mínimo, dos goles (y el 1-2 mandaría el partido a la prórroga, en la que, de no haber más dianas, ascendería el Girona). Los últimos tres minutos de la primera parte tiraron por la borda una de las mejores actuaciones de la Franja en toda la temporada. Porque el Rayo salió extraordinariamente bien y acabó ordinariamente mal. Y eso lo hizo especialmente doloroso: el gol de Isi hizo que el barrio se lo creyera de verdad y volvió el revés aún más duro. Fue un trago de ilusión envenenada, cuyos efectos tardaron 42 minutos en aparecer.

El primer capítulo, pese a todo, fue una oda a este deporte. Una maravilla. Algo como esa serie que avanza sin defraudar en ninguno de sus capítulos. Aún no se habían pasado los nervios cuando Isi marcó el primero. Era el minuto 5, la Franja había salido varias marchas por encima del Girona y tras varios avisos, rugió el León de Nevir. Juan Carlos detuvo un disparo raso, Juanpe, en vez de dejarlo salir a córner, metió el balón y lo dejó muerto en el área, se formó un barullo de rebotes e Isi, con la zurda, enganchó un cañonazo durísimo por la escuadra del primer palo. Vallecas enloqueció a ritmo de The Final Countdown.

Fue el inicio de un sueño que se tornaría en pesadilla. Hasta el minuto 42 sólo hubo un equipo sobre el campo. Todo era del Rayo, valiente a la hora de proponer y encontrando petróleo con balones profundos a las bandas. El Girona, cariacontecido, se limitaba a aguantar el chaparrón. Y cuando peor estaba, encontró un milagro. Ahí empezó la tragedia. La estadística marcaba 8 disparos rayistas por 0 de los catalanes. Pero a veces lo que cuenta es la calidad, no la cantidad. Y Franquesa, al cual Advíncula decidió no marcar y dejar solo, empató en el primer disparo de los suyos. Llegar y besar el Santo.

Vallecas, con 1.500 rayistas que estaban rugiendo como 50.000, se quedó muda. Sin saber qué decir; asimilándolo. Pero quedaba el trago más rocambolesco: la carambola y la aparición divina. Gumbau soltó un disparo desde la frontal, el balón le rebotó sin querer a Nahuel y entró en la red de Luca. Enloquecieron los jugadores catalanes, que sin comerlo ni beberlo, iban ganando 1-2. Nahuel festejaba entre risas y gestos de arquero, pero la flecha le volvió como un boomerang. Pulido Santana fue al VAR a revisar la acción y lo anuló al entender que el balón le rebotó en el brazo. Mano. Acción muy polémica y difícil de ver. Las repeticiones, con menos claridad que una cueva, no esclarecen exactamente dónde le dio.

Tras el pitido del árbitro, Francisco fue corriendo al centro del campo a protestar y eso encendió a Iraola. El técnico rayista, con las quejas de su rival tras el partido de Liga aún en la retina, estalló y no quiso quedarse callado. Fue rápidamente hacia Francisco y, haciéndole gestos de que ya estaba hablando, le recriminó su actitud. Y se montó. Jugadores de ambos equipos se enzarzaron entre insultos y algunos a punto estuvieron de llegar a las manos. Cobeño bajó desde la grada para intervenir, pero en vez de calmar las aguas acabó a gritos como sus camaradas. Poco a poco la multitud se fue dispersando, pero dejando claro que el ambiente en la segunda parte iba a rondar los 50 grados.

Y Vallecas, que estaba prendida, se volvió de hielo. Porque a los 40 segundos llegó el 1-2 del Girona. Sylla enganchó un derechazo raso que se coló por debajo del cuerpo de Luca. Mal el portero y mal el Rayo, que salió espeso, sin el ritmo del primer capítulo. La ansiedad se hizo protagonista en un Rayo herido en lo moral. Que se vio con la gloria en sus manos y, en apenas un parpadeo, le habían robado el botín y hasta el cofre de madera. Quedaba instaurar una revolución y para liderarla entró Bebé (por Qasmi, que tuvo una primera media hora notable, pero luego desapareció).

Superar el duelo fue durísimo y hasta el último cuarto de hora no se vio un Rayo reconocible. Pero esa recta final fue un asedio. El Girona empezó a tirar del otro fútbol: rodaba por el suelo en cada falta y protestaba en bloque cada choque. Corría el crono y los de Iraola lo intentaban, pero no podían. Y no pudieron. El más activo fue Bebé, que asumió casi todos los galones y no se achicaba a la hora de encarar y recibir. Y la más clara, de Pozo, que empató en el 89′, pero el VAR se lo anuló por un fuera de juego previo de Ulloa. Más drama a una noche para olvidar. Devastadora. Pero no definitiva.

Tambores de épica para El Desembarco de Montilivi. Será el próximo domingo, a las 21:00 horas (Movistar LaLiga y #Vamos). La Franja está obligada a una heroica. A una histórica.

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