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Discusiones estériles


LA CONTRACRÓNICA


¿Que no hay nada bueno que contar? Improvisa Diéguez (Pensamiento en alto).

Tras verme obligado a celebrar el viernes el decimoquinto cumpleaños de mi hija mayor (las croquetas de mi madre y la sonrisa de mi hija hicieron que mereciese la pena) me ilusioné con la posibilidad de salir el sábado de Oktoberfest fuera de casa.

Llegué de trabajar y en casa me bajaron los humos. Sabado de chicas. Saldrían ellas y yo me conformaría con ver en casa al Rayo Vallecano jugar en Elche.

Lo peor llegó a las 18:30. Más atento al móvil que a la pantalla de la tele mi mujer lanzó un obús. Tenía que llevarlas a algún sitio. Comenzó un cruce de reproches y con el pitido del árbitro que señalaba el túnel de vestuarios y un inmerecido descanso para los jugadores, protagonistas indignos de un partido de fútbol profesional, salí escopetado hacia el coche y ella,amada esposa,a su ritmo,cimbreando sus caderas al estilo Beyonce Knowles y con la velocidad de un tortuga con reuma.

Ella no entendía que tenía que ver el partido para hacer la crónica y no entiende porqué las hago.Me cabreé ,discutimos,la llevé, se despidió con un portazo y cuando llegué a casa,al filo del minuto 60, me arrepentí. Se notaba que los futbolistas habían recibido la arenga de sus entrenadores porque al menos lo intentaban pero el partido ni siquiera era una vergüenza. Era,simplemente, una pena. En 15 minutos no había pasado nada.

La vergüenza llegó cuando los blanquiverdes lanzaron una falta, todos fueron al centro del área menos Nino,que con 39 años y 750 partidos de profesional aprovechó que el retirado Trejo (al menos de la marca) no lo siguió y que a Stole nos han robado el alma para adelantar a los suyos.

Esas caras coloradas y la entrada de Andrés, que con tres intervenciones en todo el partido causó más peligro que el resto de jugadores hoy franjinegros hicieron que el Rayo lo intentara y solo con eso empataran,gracias a un buen centro de Álvaro, un gran remate de Piovaccari y una buena resolución de Andrés aprovechando el rechace de Badía.

Los diez últimos minutos tuvieron emoción, ambos equipos quisieron ganar pero se quedaron con eso,con las ganas, las que tengo yo,al terminar estas líneas de ver a mi chica y disculparme por haber preferido ver este engendro a llevarla en coche.

Terminaré haciendo el hortera y regalandola unas rosas o unos claveles con un toque de maldad. Una docena de blancos y rojos. Once por los causantes de mi pelea y uno por ella,por mí y nuestro amor ( a tí también te quiero Rayo,tonto).

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