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Las meninas, su ropa de cama y los Seventy-sixers


LA CONTRACRÓNICA


Esto del fútbol tiene su gracia. Hay partidos que juegas bien y ganas, pierdes o empatas, encuentros en los que la suerte es más rápida que tú, choques en los que compites y duelos como el de hoy. Porque el Rayo ha ganado y a mí, al menos, me da igual el modo, aunque como lo mío es contarlo, lo haré.

En el descanso sofoqué mi indignación con una encuesta tuitera. Interpreté como muchos mal lo que había visto en la primera mitad y pregunté a mis amigos qué harían estando en el pellejo de Michel. La primera parte del Rayo ante el Eibar fue bochornosa, dolorosa y para mí, incomprensible. Cuarenta y ocho horas antes había estado en el Metropolitano y visto como un equipo en el que el último reserva tiene un salario mayor que el once titular de la franja daba un ejemplo de intensidad hasta asegurar los tres puntos en disputa.

Lo tenía claro . El césped de Vallecas era una inmensa y verde cama que sus jugadores parecían hacer a Michel. Te lo juegas todo y no saltas, no empujas, no estorbas, no acogotas al rival. Sabes que a tu mister lo echarán pero tú , como el Coco Basile, te puedes cagar en su contrato porque a tí nadie te dirá nada hasta junio.Se me llevaban los demonios recordando las fotos intensas en las redes de Trejo, Imbula y Embarba pidiendo el apoyo para una afición que durante un rato se congeló como su equipo y luego pitó levemente para lo que merecían los arrendatarios de las camisetas franjirrojas. Solo Dimitrievski, al que le costó tanto hacerse con el puesto parecía ponerle interés al tema. El Eibar no parecía el equipo de Mendilibar sino el Barça de Guardiola, el Bayern de Heynckes o la Juventus de Allegri, de pura comodidad que tenían en el campo.

Por suerte llegó la pausa. Como en los embarazos el lema del Rayo fue el “No news, good news” y los jugadores salieron exactamente igual al campo en la segunda mitad que en la primera. Pero algo cambió. La primera vez que fueron incisivos tuvieron premio. Alex Moreno llegó, el Eibar fue milagrosamente blando y Embarba metió el pie en el único hueco entre balón y defensor como Cenicienta el suyo en el zapato que la hizo triunfar, aquel para el que el príncipe hizo un casting que ríete tú del de OT.

Supe que me había equivocado. Las meninas no irían ya en el título por jugar Velázquez de titular sino como muestra de un equipo, como las sirvientas en el cuadro del sevillano, paralizado ante el temor, la duda, el horror de verse retratado como un equipo perdedor al que cualquiera mete un gol. Los de Michel dejaron de ser las criadas de la hija de Felipe IV para convertirse por un rato en la escuadra de Embiid, Simmons, Fultz, Covington o Saric (siempre uno de los Balcanes en mi equipo, garantía de competitividad), un equipo joven y con ganas de ganar que se había quitado un enorme peso de encima.Cuando el resuello faltó y el agobio llegó, pareció que nuestros jugadores se hubieran criado al este de Philadelphia como el Principe de Bel-Air o en la Plaza Vieja o el Cine París, y a pesar de entrenar en el ensanche (el Vallecas exclusivo) sacaron su lado más canchero para ganar en un horroroso partido que da, con sus tres puntos,  un poco de aire.

Después de setenta y seis días sin triunfar , nuestro Rayo 76er ha vencido por primera vez en Vallecas en partido serio y esperemos que sea el comienzo de una racha favorable.Probé todos los amuletos posibles y no me quiero rendir a un planteamiento impopular pero objetiva y empíricamente efectivo.  Tres partidos en viernes , siete  puntos, (not bad).

Felices tres puntos, amigos . Todo un fin de semana para disfrutarlo. No hay mal que cien años dure y los de Michel soplaron las velas de Unión Rayo.

Hoy más que nunca la vida pirata es la vida mejor. A celebrarlo.

 

 

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