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El Pase Corto: Rayo 0–1 Sporting

DE OTRO PARTIDO

¿Más de lo mismo? Peor.

Ya hay que acostumbrase a empezar el partido perdiendo 1-0 o 0-1. Un Rayo desastroso, desubicado y sin conexión, tuvo que recibir el gol para despertar; pero la modorra volvió pronto y, durante el resto de minutos, la certeza fue que si el Rayo Vallecano desperdició el empate en ese paréntesis de dominio -tuvo Catena el 1-1 y Valentín falló un gol para agarrarse la cabeza con la que le pegó y no soltarla hasta el siguiente partido- si el Rayo no lo empató ahí, en ese oasis de fútbol, ya no lo haría. Y así fue: después de esa reacción apareció un equipo casi peor que el que empezó el encuentro, con hombres desganados que fueron borrándose de a poco, con un juego plagado de errores y con Iraola haciendo los cambios tarde y mal (no se entiende la entrada de Comesaña en un partido rápido, ni la suplencia de Isi, ni aguantar tanto a Qasmi). El punto milagroso de la Ponferradina (de un 0-2 a un 2-2) deja al Rayo con esperanza de estar en el playoff, pero el juego no juego desplegado hoy quita la esperanza de poder ganarlo. (Cuesta seguir escribiendo la nota… Le pondré más ganas que los jugadores. Es fácil).

ENVUELTO PARA REGALO

No se puede creer. Un listado.

No se puede creer que el equipo juegue con una mentalidad cansada, sin piernas, apática.

No se puede creer que desde el primer minuto se juegue más con corazón que con fútbol, con unos nervios y una falta de inteligencia propias de una prórroga. Pareció que muchos futbolistas venían de jugar dos partidos seguidos apenas antes de empezar este.

No se puede creer que se abuse del pelotazo, buscando a un punta rápido inexistente.

No se puede creer los fallos en pases de dos metros ni los intentos de jugadas individuales una y otra vez, de Trejo, de Valentín, de Andrés, de Bebé, de Isi cuando entró…

No se puede creer tantos centros mal tirados.

No se puede creer que Advíncula, quizá el jugador más rápido de la Liga, suba tres o cuatro veces en todo el partido.

No se puede creer la falta de estrategia de Iraola, que al final decide meter un puñado de delanteros para tratar de enmendar un partido que planteó mal desde el principio. Esa manera de dirigir es la más popular: es lo que haría cualquiera.

No se puede creer -ya lo dijimos en la introducción- el gol que “rechaza” Valentín. Lo marcaría Bolo hoy…

No se puede creer que el Rayo, jugando así, esté en puestos de playoff.

LO QUE SE LLEVA EL OJO

Con rabia, pero hay que decirlo: el gol del Sporting.

La belleza puede con todo, también con el ojo futbolero. El gol de Pedro Díaz se queda en la retina pese a estar envuelto en otra camiseta. Zapatazo a la escuadra opuesta de la jugada, imposible para Zidane, que con el vuelo hizo todavía más estética la conquista. Obligado por lo memorable a ser democrático, el ojo se lleva, sin duda, lo destacado del partido. Y no ve que ese abastecimiento justo pueda generar discusión. Ánimo, ojo, aguante esas lágrimas…

LA BOTELLA MEDIO LLENA

Ya no con las dos manos, pero sí con una aferrados al playoff.

El masoquismo del Rayo, ese balanceo entre la esperanza y el sufrimiento buscado, como si tuviera que pagar alguna culpa histórica o cumplir penitencia flagelándose, cortando las buenas rachas, no terminando de arrancar nunca, definiéndose por la indefinición misma, es indudable que vacía la botella. A tal punto, que la botella ya tiene sed. Vive de unas gotas optimistas, un fondo que no está seco porque lo humecta esa plaza que es a la vez sueño y duda, reflejo de lo que ha sido el Rayo todo el año.

EN DEFENSA DE…

La voluntad y un corazón con demasiada taquicardia.

No queda más que defender la voluntad de jugadores como Fran García, aunque hoy no haya venido acompañada de peligro. El corazón ahogado ya lo ponemos nosotros, los que estamos fuera, es otro error que lo pongan ustedes, muchachos, desde el minuto uno. Así, el planteamiento, la única pizarra, son la agonía y el martirio (justo en martes), el pelotazo y el centro a la grada con la cabeza baja, el chupar balón renunciando a la idea de juego colectivo. ¿Por qué hacer de la imagen del Rayo como equipo sufridor la estrategia del juego? ¿Por qué tirar tan rápido sobre el verde ese naipe, y no imponerse, no sentirse superior? ¿Por qué salir a dudar el partido en lugar de salir a ganarlo? ¿Complejo de inferioridad o fobia al gol, agolafobia? ¿Ambas cosas? No más preguntas, señoría Iraola.

El Rayo va del fútbol feliz -apenas visto este año- al fútbol doloroso que exaspera y se queda demasiado, no se termina después de un mal partido. La excepción son las mínimas rachas positivas, las remontadas en medio del desastre, todas batallas ganadas contra él, igual que muchas de las perdidas, el cabalgar sobre unas matemáticas que ya tienen cara de caballo que agoniza. Se dijo y se repitió aquello de los dos Rayos, tan distintos e imprevisibles. El Dr. Jekyll y Mr. Hyde, los dos lados de la luna. Una preguntita más: ¿Cuál aparecerá, cuál veremos en el próximo partido contra ese otro que es él mismo?

Esta vez nos despedimos saludando a Rayistas por el Mundo, una cuenta de Twitter que busca reunir a todos los aficionados del Rayo que viven lejos de Vallecas y cuyo lema es: ¡Rayistas del mundo, uníos! Un abrazo, compañeros, y gracias por vuestra gran labor.

Y a vosotros, familia rayista, gracias por la lectura y hasta un nuevo Pase Corto. ¡Fuerza, Vallecas! ¡Aúpa, Rayo!

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