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Con el agua al cuello es muy difícil pensar…

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Dicen que cuando alguien se está ahogando, hay que tener cuidado al rescatarle porque en su afán de subrevivir puede llegar a ser peligroso. Con el agua al cuello no se razona. Cuando estás en peligro el miedo te atenaza y el Rayo Vallecano lo está sufriendo en sus carnes. ¿Qué diferencia hay entre el partido frente al Valladolid y el de este sábado con el Espanyol? El resultado. El resto es lo mismo. Después de verse por delante, los franjirrojos tiemblan.

La necesidad cambia a cualquiera. Los de Míchel estaban creando mucho peligro ante los pericos. Fue marcar, y todo se vino abajo. Igual es mejor no marcar en la primera parte… Hubo partidos en los que se acusó al Rayo de no echarse atrás y defender el resultado. Es posible, pero eso se hace cuando faltan 10 minutos, no 60. Es casi imposible aguantar un asedio que no soporta ni el Abismo de Helm.

¿Lo positivo? Que los vallecanos están vivitos y coleando. Tienen la salvación a tiro de piedra y lo de Cornellá debe servir para aprender. Si no vuelve a ocurrir habrá merecido la pena. Cierto es que ahora vienen curvas (Atlético de Madrid en casa y Getafe fuera), pero el Rayo ya ha demostrado que puede plantar cara a cualquier equipo de la competición. Ojo que no le metan mano a los de Simeone.

El sentimiento y las palabras de Santi Comesaña en la zona mixta de Cornellá definen a la perfección lo que creo que está ocurriendo. La situación está podiendo con un Rayo que tiene que ser más fuerte. Los franjirrojos tienen una plantilla para salvarse de manera holgada. Solo queda demostrarlo.

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