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Sabadell 2-0 Rayo Vallecano: «Era cuestión de tiempo»

Llevaba tanto tiempo jugando con fuego el Rayo Vallecano, que al final se quemó. La Franja podría escribir un libro sobre su adicción a vivir al filo del abismo; es un equipo que con el agua al cuello se vuelve fuerte, pero cuando tiene una opción de despegar, patina. Y ya iban tantos matchballs salvados, que al final uno salió rana. Fue una derrota injusta, dura, inmerecida, pero que confirma el mayor de los males: el equipo se cae de playoff a falta de cinco jornadas.

Injusta porque el Rayo tuvo mil y una ocasiones, y el Sabadell, casi después de una hora y a la primera, rompió la fuente. Unos lo llamaran eficacia; otros suerte. Pero toda la primera parte fue de la Franja, que se marchó a vestuarios con 10 disparos, por 0 de su rival. De ellos, casi la mitad (4) fueron de Bebé, líder y cada vez más indiscutible en el equipo. Es, de largo, el jugador más en forma de la plantilla a día de hoy. Con dos zapatazos lejanos estuvo a punto de batir a Mackay, pero en el primero se topó con el larguero y, en el segundo, con unas manoplas espectaculares (en este último intento casi tumbó al colegiado de un misilazo).

Mucho lirili y poco lerele. El Rayo manejaba el timón a su antojo, pero no marcaba. Y el Sabadell, ya en la segunda parte, lo acabó haciendo. De la nada, literalmente en el primer disparo de los arlequinados, Adri Cuevas, jugador diestro, soltó un zurdazo desde casi 30 metros que se coló por la cepa del poste izquierdo. Rostro de perplejidad de Iraola, y de todo el rayismo. Sensación de incredulidad. Sólo había un equipo sobre el campo e, inexplicablemente, iba perdiendo.

No le quedó otra al Rayo que remangarse y echarse al ataque con todo. Ozkoidi derribó a Trejo cuando se marchaba solo y vio la roja directa: la acción levantó ampollas, pues es cierto que Ozkoidi era el último hombre, pero el Chocota se había echado el balón demasiado largo y no parecía capaz de llegar. El capítulo de la polémica no acabó ahí: Jaime Sánchez se llevó por delante a Comesaña en un salto, pero el árbitro no señaló penalti. Parecía catedralicio, pues el defensa en ningún momento tuvo intención de disputar el balón, pero el VAR no entró. Y el colegiado mantuvo su decisión.

El Sabadell, que no había existido en ataque con once jugadores, evidentemente tampoco lo hizo con diez. Pero lo verdaderamente preocupante es que el Rayo, con uno más, tampoco supo asustar. El juego fue lento y los ataques, previsibles. Centros laterales y disparos lejanos. Los arlequinados establecieron una muralla con una misión clara: aguantar. Y lo hicieron. Guerrero soltó un zurdazo en el 73′ que se estrelló en el palo y Bebé, tras un centro al segundo palo, mandó el balón a centímetros del larguero.

El 2-0 final fue la metáfora perfecta de lo que está siendo esta temporada. Dimitrievski, ya en el 93′, salió del área para despejar un balón, lo dejó muerto y Edgar Hernández, a puerta vacía, dio la puntilla. El resumen de una tarde para olvidar. Otra vez le faltó pegada al Rayo, que encadenó su cuarta jornada seguida sin ganar. Derrota durísima, pero no sorprendente. Tanto caminar por la cuerda floja al final pasa factura. Ahora se avecina una final, en Vallecas, ante el Leganés. Primer partido tras muchos meses fuera de promoción. La Franja ya no está entre los seis primeros. Se ha quemado. Era cuestión de tiempo.

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