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Huesca 0-2 Rayo Vallecano: ‘San Pozo rescata a Jémez’

De finales iba la soleada tarde del sábado, augurio de que llegaban vientos nuevos. El Alcoraz albergaba uno de esos partidos en los que el Rayo Vallecano no podía fallar o, dicho de otra forma, en el que Jémez no podía fallar. La continuidad del técnico pendía de un hilo, él mismo lo sabía. Era ganar, ganar o ganar.

Y se ganó. Se venció en uno de esos partidos que recordaron a lo que es el Rayo Vallecano, un equipo aguerrido, valiente, luchador y solidario. Como si fuese un déjà vu a otras épocas, la franja empezó mordiendo y dominando desde el primer segundo del choque. Qué diferencia con el Carlos Tartiere, pensarán -y con razón- algunos, donde se encajó a los 28 segundos y la guillotina, por obra casi milagrosa, no cortó a los 2 minutos.

Embarba perdonó el primer tanto en un disparo lejano, pero Pozo no seguiría sus pasos. El mediocentro, tras una jugada creada y cultivada en las botas de Andrés Martín, Embarba y el propio Pozo, definía con un derechazo al primer palo ante el que nada pudo hacer Álvaro Fernández.

Con el paso de los minutos el Huesca ganó presencia y dominio, tuvo el empate en las botas de Mosquera, pero el conjunto oscense no estaba cómodo ni acertado. Ulloa marcó el segundo aprovechando un rechace, pero estaba adelantado. Fuera de juego claro, no valió.

Antes del paso por los vestuarios llegaría la polémica. Derribo de Miguelón sobre Embarba dentro del área que el colegiado, Ocón Arráiz, no señala. El capitán no daba crédito. El partido continuaba y el VAR no notificaría ninguna anomalía. Las imágenes dejan el debate más que latente.

Tras el paso por los vestuarios no cambió el guion, lo que ya supone un cambio esta temporada. El Rayo se mantuvo firme en sus convicciones, quiso el balón y el partido y encontró el segundo. Mal despeje de Pulido, que deja el balón muerto en la frontal donde Pozo lo recoge y define con un chut raso con la zurda. No llega Álvaro Fernández. Éxtasis en Portazgo.

A partir de ahí el choque cogió tintes de box to box, como dirían en Inglaterra. Andrés Martín tuvo el tercero, que podría llamarse la sentencia, pero nunca se sabe, así que no nos aventuraremos en esa terminología. Álvaro Fernández, con una gran intervención, lo evitó.

El Huesca tuvo las más claras en las botas de Ferreiro y en la cabeza de Escriche. Todas ellas con un denominador común: Dimitrievski. El macedonio volvió a ser el portero que convence, el que es titularísimo si está a su nivel.

Había que ganar y se ganó. Una victoria que aleja a la franja de los puestos de descenso, la acerca a la zona de playoff. Disipa -ligeramente, tampoco se precipiten en el noble arte de venirse arriba- algunas dudas y da oxígeno a Paco Jémez. Tres puntos que permiten ver el fútbol y la semana con otros ojos. El túnel tiene algo de luz al final.

Ante el Albacete, el próximo domingo, partido clave. Ratificarse o volver a caer al Pozo. Alegrías de 7 días.

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