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Mallorca 0 – 1 Rayo Vallecano: ‘Iraola es otra historia’

“Qué sensación esa de adelantarse y saber aguantar el resultado”, pensará el rayista. Debutaba el Rayo de Iraola con el cometido de sacar una sonrisa en una afición desmotivada por el rumbo que lleva su club desde hace años. Es complicado ilusionarse entre maderos que simulan atriles, la ausencia de fichajes y la perniciosa gestión de la devolución de abonos. Pero Iraola tenía la fórmula.

Porque su Rayo, enfundado en unas camisetas presentadas hace apenas 72 horas, ha empezado la temporada pisando fuerte. Son Moix (permítanme llamarlo así) era el escenario y la jornada inaugural, de tanteo, tuvo poco. Como tampoco la alineación: Morro salió de inicio, Mario ocupó el lateral derecho y tanto Mario Suárez como Trejo se fueron al banquillo (Óscar y Andrés Martín, titulares). El primer bombazo ya había sonado.

La franja empezó la primera parte fiel a sus (nuevos) principios: presión alta, verticalidad y pocos riesgos atrás. Mandaba, pero se fue difuminando. Hasta el punto que el campo se inclinó en favor del lado balear y las llegadas comenzaron a ser sólo locales. En esa tesitura bailó el bueno de Morro, titular por delante de Dimitrievski y con serias ganas de consolidarse para lo que resta de año. Su actuación, de sobresaliente, dejó con vida al Santa Inés para el intermedio.

Y en esa breve pausa de 15′ se afilaron los cuchillos y cargaron los cañones. Con apenas unos minutos de juego llegaría el éxtasis. Pase en profundidad de Álvaro García, que encontró el hueco en la defensa rival tras más de un minuto mimando la pelota en la frontal, la recibió Fran García, envió un centro raso al segundo palo e Isi, con ‘la escopeta de Cieza’ cargada, puso el 0-1 en el marcador.

Se había hecho lo más difícil (adelantarse) y, sin embargo, quedaba lo más importante (aguantar). Esa palabra, aguantar, pasó de misión a utopía la temporada pasada. El rayismo acabó cansado de ver a su equipo anotar primero y deshincharse después. No en un partido, que puede pasar, sino a lo largo de toda la campaña. Faltaba autoridad.

Pero el equipo se hizo grande y amarró el triunfo con jerarquía. Moviendo el cuero de lado a lado se hizo correr el crono ante la impotencia de los soldados de Luis García Plaza. Hizo lo que hay que hacer: bajar el ritmo del partido, no volverse loco y estar bien cerrado y estructurado. El Mallorca se movía, no encontraba el hueco, buscaba un envío sin fe y regalaba el balón desquiciado.

De hecho la consiga en ataque era clara: acabar jugada. Lo único que no se podía permitir era regalar una contra. No parecía muy difícil. El dúo Catena-Velázquez se entendió a las mil maravillas y apunta a cimientos de proyecto. El Rayo de Iraola sólo ha recibido un gol en cuatro partidos, reflejo de que la mejor defensa no sólo puede ser un buen ataque, también una buena defensa. Victoria, tres puntos y aviso a navegantes.

El 2020 dejó a Vallecas sin Batalla Naval, pero tal vez regala un Rayo para reilusionarse. Por lo menos en la faceta deportiva. Iraola tiene claro que quiere un equipo valiente, agresivo y sin complejos. No valen medias tintas para subir a Primera División. El primer zarpazo ha sonado con fuerza y la categoría ya lo sabe. Este Rayo Vallecano es otra historia.

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