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Rayo Vallecano 3-2 Real Zaragoza: ‘Este Rayo sí que puede’

Se hizo tanto de rogar que llegó a parecer imposible, pero a la sexta fue la vencida. Herida cosida y puntos de oro; el Rayo Vallecano se aferró a la medicina Vallecas para volver a sentir, a ganar. Y es que iban cinco partidos seguidos de la Franja sin vencer, que regaló una heroica en Cornellà (2-3) para acto seguido hundirse en depresión. Y asolar a su gente. Pero hasta de las peores se sale, he aquí la prueba. Y una nueva remontada ejerce de punto de partida para la reconciliación.

La noche no pudo empezar más torcida. El Zaragoza se puso 0-2 en media hora, despertando los fantasmas del desastre. Primero marcó Narváez, de volea, tras recoger un rechace desastroso de Óscar Valentín. En las escuelas del fútbol debería ponerse ese mal despeje como ejemplo de lo que, precisamente, nunca debe hacerse. Pero es que apenas un cuarto de hora después fue Álvaro García quien se marcó en propia: centro raso y mal despeje del extremo cuando iba a ejecutarla Álex Alegría.

El Rayo, eterno homenaje al masoquismo, despertó cuando peor estaba, aceptando el reto de remontar un 0-2. Y lo hizo. La primera reacción llegó en botas de Bebé, que firmó probablemente uno de los mejores goles de falta de la temporada (no es una exageración). El portugués, que escasos minutos antes había estrellado un balón en el palo y fue el mejor del equipo, soltó un misil desde casi 35 metros que entró por la escuadra. Pura vida para la segunda parte.

En los primeros compases de la reanudación llegó el 2-2, vía Catena. Cabezazo de Guerrero en el primer palo, mal despeje de Jair y el central del Rayo, de volea, puso el balón en el palo contrario. El equipo volvió a creer y condenó el partido al frenesí. Y ahí la Franja es doctrina y dictadura. Álvaro García (que, cosas del destino, se había marcado en propia aparentemente sellando el hara kiri) hizo el 3-2 final para la victoria con una vaselina de matrícula de honor. Vigaray, inocentemente, se la cedió a Cristian Álvarez, pero en ese pase intervino el gaditano para anticiparse y superar al portero.

Apenas sufrieron los de Iraola en el tramo final, haciendo bien los deberes en materia defensiva. Lo habitual habría sido caer en el desorden y la locura, pero este viernes no estaba llamado a ser uno más. Y, sin que sirva de precedente, el equipo se replegó perfectamente en su campo, sólo presionó en su media mitad y mantuvo la rigurosidad táctica hasta el minuto 95. El pitido de Milla Alvéndiz fue dinamita pasional para un equipo sediento de puntos en la sequía de la clasificación.

Vallecas aún trabaja en superar el duelo de que no habrá ascenso directo. La insistencia de la plantilla en la lucha de las dos primeras plazas generó una ilusión envenenada. Porque del dicho al hecho hay mucho trecho, y el equipo anduvo durante mucho tiempo con los pies en las nubes. Pero aún existe la bala del playoff. Iraola mantiene a su escuadrón sexto y mete presión por arriba a Sporting (recibe el domingo, 16:00h, al Mallorca) y a Leganés (visita al Real Oviedo, el domingo, 20:30h); así como obliga a no fallar a sus perseguidores: Mirandés (recibe el sábado al Espanyol, 21:00h) y Girona (recibe, también el sábado, al Lugo, 18:15h). Pues la Ponferradina no pudo pasar del empate (1-1) en su visita a Cartagonova este viernes. La Franja, de momento, coge impulso en un pequeño trampolín de emociones y se lame las heridas.

De alguna manera hay que empezar las reconciliaciones. Quedan 13 finales (7 en casa y 6 fuera), 39 puntos. Este Rayo, orgulloso y luchador, sí que puede.

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