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La historia de Víktor Onopko, el futbolista ucraniano que decidió jugar con Rusia

Tan solo algunos en Vallecas recordarán a Víktor Onopko, ese futbolista que vistió la camiseta del Rayo Vallecano durante una única temporada, la 2002-2003, pero que bajo ese aspecto de central espigado y canchero se encuentra su historia, la de un jugador que nació en Ucrania, pero que decidió jugar con Rusia.

Víktor nació el 14 de octubre de 1969 en Luhansk, la actual Ucrania, en ese momento la Unión Soviética. Si no hubiera sido futbolista, le hubieran obligado a hacer el servicio militar. Su primera gran oportunidad en el mundo del fútbol le llegó con el Shakhtar Donetsk, club ucraniano, donde estuvo tres años hasta firmar por el Spartak de Moscú, club ruso.

Allí ganó tres Ligas y alcanzó las semifinales de la Champions League, además de ser elegido dos años seguidos (1993 y 1994), mejor jugador de Rusia. Víktor tenía la nacionalidad rusa y el 16 de agosto de 1992 jugó el primer amistoso con Rusia, una victoria (2-0) ante México. A partir de ahí, 109 partidos con la selección rusa y 4 con la Comunidad de Estados independientes, convirtiéndose así en el tercer jugador con más internacionales con la selección.

Tras haberse hecho un nombre en el panorama futbolístico y con un país inestable debido a la desintegración de la Unión Soviética, Víktor decidió coger las maletas y probar suerte en Europa, concretamente en España. Varios equipos españoles le seguían la pista, el Barcelona, el Atlético de Madrid y el Oviedo, con la vitola de ser “el mejor central de Europa”, dicho por Tonny Bruins, exanalista del Barcelona. Aunque Johan Cruyff le rechazó de forma rotunda: “¿Tú lo has visto? Con esa pinta de encofrador no podría jugar en el Barcelona”, afirmó.

A pesar de que el deseo del jugador era recalar en el Atlético de Madrid, llegó a posar con la camiseta colchonera, el Spartak de Moscú le vendió al Oviedo, en una operación en la que tuvo que intervenir la FIFA para decidir sobre el futuro del futbolista, dando la razón al cuadro carbayón. Esta decisión le cambió su futuro para siempre.

Le habían dicho que llegaba a “una ciudad pequeña, un pueblo minero y viejo”, pero cuando llegó “me enamoré de Oviedo”, afirmó el futbolista. El central, que también podía jugar de mediocentro, jugó siete temporadas y disputó 216 partidos con la camiseta azul, pero el descenso a Segunda División, y los problemas administrativos de su club le hicieron tener que buscarse equipo.

Su salida del club no fue la mejor, tuvo problemas judiciales con el Oviedo, cuando el club se arruinó y dejó de pagar a varios futbolistas. Estuvo a punto de fichar por el Deportivo de La Coruña, pero finalmente, firmó por el Rayo Vallecano. Con el club franjirrojo jugó 28 partidos y marcó un único tanto, el de la victoria ante el Betis (0-1), un gol que no le gustó nada al presidente del Betis, Manuel Ruiz de Lopera: “el ruso marcó con los pelos del flequillo”, declaró. Durante su estancia en Vallecas, su mujer y su hija siguieron viviendo en Oviedo, donde su mujer, que era gimnasta, daba clases.

Ese Rayo Vallecano, el de la temporada 2002-2003, acabó descendiendo a Segunda División y Víktor tomó la decisión de volver a Rusia para acabar su carrera como jugador, y empezar una nueva, la de director deportivo y posteriormente, la de segundo entrenador del CSKA Moscú de Juande Ramos, exrayista. Actualmente, vive la guerra de cerca, ya que aunque su mujer y sus hijos siguen en Oviedo, varios familiares están en el origen del conflicto. Su mayor consuelo es su hija, Eugenia Onopko, de 26 años, que se dedica a la gimnasia rítmica y aunque nació en Rusia  ha sido campeona de España infantil.

Imagen destacada: Planeta rayista.

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