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El Pase Corto: Rayo 1-1 Oviedo

DE OTRO PARTIDO

Gracias, VAR.

El fantasma del empate se hizo de carne otra vez en Vallecas. En un choque descafeinado, de trenes eléctricos con pocas baterías, el Rayo era más pero terminó siendo igual y agradeciendo al VAR un penalti que nadie, ni dentro del campo ni en las gradas, había visto ni reclamó.  La estrategia se basó de nuevo en la suerte. Cada partido, planteado así, con una alineación incomprensible y con cambios hechos tarde, es un golpe de dados. Ya más casino que fútbol. Que la suerte nos acompañe.

EL REMAKE

Los dos equipos en uno.

Los aciertos frente a los errores, los jugadores que están bien contra los que están mal, los que están bien contra los intermitentes. Catena contra Milic,  Advíncula contra Tito, Trejo contra Ulloa, De Frutos frente a Álvaro García. Ese es el partido constante que Jémez se empecina en plantear y, volviendo a la suerte, el equipo funciona solo cuando los mejores le ganan a los peores. Por esto los mejores, se entiende, deben jugar dos partidos. Mientras no se resuelva ese match contradictorio, anterior a cualquier encuentro, el Rayo seguirá siendo una incógnita, un gran signo de pregunta cuya respuesta está en la misma plantilla: que juegue Saveljich, que juegue Isi, que no siempre juegue Suárez y a veces no todo el partido. No hay nueve, el mediocampo no es ni medio y los centros son todos al ombligo.

LO QUE SE LLEVA EL OJO

La entrega de Advíncula y la inteligencia de De Frutos.

Se despegaron de un nivel de Segunda División. Advíncula pudo marcar con un tiro bajo que paró Lunin, la figura del Oviedo. Al peruano se lo ve con otra actitud: más acertado, regateador. Eficaz en la recuperación y peligroso.

Y De Frutos es un gran acierto. Tiene ese descaro del que juega una tarde con amigos. Le sale casi todo bien, tiene que corregir los finales de jugada y darles dirección a los desbordes. Lástima que en este equipo tiene una calidad solitaria, como la de Pozo y como algunas ráfagas de Trejo.

VENTANILLA DE RECLAMACIONES

Llegó un punta, pero no hay posición de punta.

Quasmi debutó haciendo un partido discretísimo. Fue un Ulloa sin cabecear; es decir, nada. No se entiende quién ocupa ese lugar del nueve puro (un espacio que parece minado por el recuerdo de algún Pachón, Rubén Castro o RDT).  La pelota la pasan los supuestos puntas al punta invisible y, cuando el equipo juega con un falso punta o con dos puntas, ninguno hace de nueve. Parece que huyen de esa tarea, de esa obligación. El del nueve, en el Rayo, es un espacio gentilmente cedido al equipo contrario.

EL DIVÁN

Alvarito ya tiene diván propio.

En el peor partido del Rayo -junto al que hizo en Tarazona por la Copa- Álvaro García fue otra vez una decepción que el club ha pagado -está pagando- muy cara. Y Jémez, que no lo ve, se está convirtiendo -no solo por esto- en otra decepción. Por suerte aprendió a quitarlo (aunque tarde). Esperemos que aprenda a no alinearlo de inicio. Isi, caminando y hasta sentado en el banquillo, es mejor.

EN DEFENSA DE…

Dimitrievski, dueño del empate.

Catena y Advíncula jugaron de notable hacia arriba. Hoy, Advíncula fue más delantero, más Catena, y Dimitriesvki, otra vez con grandes salidas y demostrando una seguridad hace meses impensable en él, empató el partido. Sí. Su parada abajo en el segundo tiempo, un mano a mano corto dentro del área, fue tan importante como el gol de Ulloa en el penalti.

Sumando de a uno se cambia de objetivo: el ascenso es cada vez más difícil y ni siquiera la permanencia está asegurada. Lo asegurado son las dudas, el sufrimiento, la innecesaria agua al cuello y la certeza de que, muchos litros de esa agua, se los está echando encima el propio Rayo.

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