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El Pase Corto: Rayo Vallecano 1-0 Lugo

DE OTRO PARTIDO

Presión sin control es presión al fin.

El encuentro fue bodrio, letanía y, en muchos aspectos, desencuentro. El Rayo Vallecano ganó gracias a la perseverancia. Tanto va el balón al área que termina entrando (como aquello del cántaro). Sabiendo de sus propios errores y de su juego discreto, sofocó a un Lugo que solo mostró peligro con un tiro de Barreiro en el primer tiempo: gol muy bien negado por Dimitrievski, paradón. Pudiendo matar con el resultado, el Rayo especuló y apostó más por mantenerlo que por aumentarlo. ¿La sensación térmico-futbolística? Partido controlado y más frío en el juego que en el clima.

EL REMAKE

Me pareció haberlo visto, me pareció haberlo escrito, te pareció haberlo leído.

Otra vez ese jugar para atrás, que tiene que ver con el no arriesgar citado en el párrafo anterior. Álvaro es muy rápido, pero juega de espaldas a la portería contraria; no encara, no se va, hace las veces de frontón y la pelota regresa al que le dio el pase. Milic se ubica siempre en el límite del error. Presume de ser imprevisible para para mal y, a la vez, esa imprevisibilidad es fácil de acertar (¡qué central más contradictorio!). Entre asegurar un balón y sacarlo con elegancia o con ventaja, no siempre se corre un riesgo, no siempre hay rivales encima, pero Milic elige siempre la opción más básica. Es decir, se ve venir lo que hará, pero jamás se sabe qué error puede llegar a cometer -esta es la parte imprevisible de su actuar tan previsible- y, cuando juega bien el balón, nunca es bien del todo: es bien a medias, la otra mitad es un error. Que la suerte, en esa mitad favorable, lo siga acompañando para que finalmente juegue bien el balón.

VENTANILLA DE RECLAMACIONES

Sin nueve y sin intensidad.

El Rayo sigue enviando centros al nueve que no está ni se lo espera. Lo que ocurre es que a veces aparece un falso nueve y la mete, como hoy Andrés Martín; pero durante el partido, además de ser falso nueve, Andrés no fue verdadero en ningún otro puesto. Lucha, corre, genera algún peligro, sí, pero no es decisivo, no es emblema. La otra reclamación es para Embarba: el gol y la comodidad, relajarse con los deberes hechos. Bien en alguna acción defensiva y descafeinado en ataque; sin instinto y aletargado. La matemática está fallando más que Piovaccari: la suma de individualidades resta a la idea de equipo.

ENVUELTO PARA REGALO

Buscando lo más difícil se encuentra el error y ni una respuesta.

¿Por qué teniendo un pase simple, a alguien que está al lado y que puede avanzar libre con el balón, se busca el lucimiento con pases al hueco o con pases largos a la cabeza de Embarba, que mide mucho menos que cualquier defensor del Lugo? ¿Por qué se juega por arriba cuando se puede y se debe jugar por abajo? ¿Por qué se rifan balones en la salida desde el área (esto ya es un estigma de Jémez, que parece empecinado en repetir las peores decisiones)? ¿Por qué no se levanta la cabeza y se ve a Advíncula o a Saúl, muchas veces sin marca en la otra banda? ¿Por qué no hay respuesta a ninguna de estas preguntas?

LO QUE SE LLEVA EL OJO

Una geometría invisible de la elegancia.

Contra todos los males y las penurias que arrastra el Rayo en largos tramos de los 90 minutos (un buen resultado no borra una filosofía de entender el fútbol y ni siquiera la maquilla), siempre hay momentos de elegancia, ráfagas de lo que debería ser el total, luces efímeras que nos llevamos encendidas en la retina. Esa manera ejemplar hoy la dictó el mediocampo: Mario Suárez, Montiel y Trejo. La propuesta acertada que le daban al balón, el destino al que siempre lo enviaban, fue anestesia -no llegó a ser cura- para la vulgaridad mayor que significó el partido. Fueron los que hoy dibujaron líneas ópticas distintas.

EL DIVÁN

La plantilla se va con un tratamiento.

Hoy agregamos varios divanes en la consulta, porque nos visita toda la plantilla, incluido, por supuesto, el cuerpo técnico. Les entregamos a cada uno de ellos un “Tratamiento contra el miedo al resultado adverso y algunos etcéteras”.

Prescripción:

-Cuando se va ganado contra un equipo que no puede empatar hay que ganar por más goles, no especular con el 1-0 corriendo el riesgo de que el rival pueda empatar.

-No alcanza con mandar hacia arriba al equipo; además, es necesario adelantar el balón. Un equipo adelantado que siempre juega para atrás siempre será un equipo conservador y más defensivo.

-Los centros se entrenan. El centro comienza en la cabeza del jugador, no en el pie. Es orden es fácil: levantar la cabeza, mirar y después centrar.

-El promedio de edad es importante en las rotaciones. Hoy, eso se vio. No siempre tienen que jugar Tito y Piovaccari. Y Milic no tiene que jugar nunca.

-Darles la titularidad definitiva a ciertos jugadores indiscutibles y no marearlos psicológicamente: Dimitrievski, Catena, Advíncula, Pozo y Trejo no deberían pelear el puesto con nadie y mucho menos con Paco Jémez (está clara la excepción de Embarba).

EL NÚMERO 12

Frío y cuellos sin bufandas.

Las bufandas estuvieron en las manos y los cánticos abrigaron las gargantas. En una noche fría y en un fútbol 1-0 pero bajo cero se agradeció la tan alta calefacción sentimental.

EN DEFENSA DE…

Los que siempre están, aunque no se vean tanto.

Ya nombramos a Mario Suárez, que supo jugar casi como un central sacando el balón y cortando varias ocasiones del Lugo, algunas peligrosas. Fue el mejor del Rayo; pero también rescatemos a discretos cumplidores: Dimitrievski, que con esa parada dicha se ganó una mención en este final de nota, y también el trabajo incansable, intermitente pero eficaz de Catena, Advíncula y Saúl. El primero ya afianzado en el once, y los otros con porvenir de merecidos titulares. Más cerca del playoff de ascenso, pero todavía en el playon de la permanencia, volvamos a soñar después de un tiempo en el que estuvimos dormidos.

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