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El Pase Corto: Rayo 3–0 Leganés

DE OTRO PARTIDO

Nadie pensó que una meseta entraría en erupción.

Lo increíble nace de lo jamás esperado. Fue una noche corta y mágica. Durante los primeros 45 minutos el partido simuló uno más del año, pero en el segundo tiempo el relato corto y aburrido se convirtió en novela de premio Nobel. El Rayo Vallecano conocido, el intermitente de la temporada, se cambió el disfraz y sorprendió a todos. Fue como aquel durmiente que no quería despertar por prolongar más el sueño. Pues sigamos teniendo ese sueño limpio y puro, no contaminado de pasado ni de miedo a lo próximo. El sueño de un Bebé.

ENVUELTO PARA REGALO

Balones por arriba cuando la altura no favorece.

¿Cómo se puede cambiar tan rápido de identidad futbolística? Esta vez Iraola estuvo acertado. En el primer tiempo, el planteo de la lucha y de los centros, cuando era mejor jugar al pie, no funcionó. El Rayo fue el de siempre y el partido estaba destinado al empate. Sin llegadas claras, con alguna tapada magistral de Luca Zidane, sí, pero todo era más de lo mismo. Pelotazos largos que lanzaban los nervios, un equipo sin coherencia y con un Trejo y un Isi incomprendidos, reclamando un estilo de juego que más tarde escuchó la suerte.

LO QUE SE LLEVA EL OJO

Bebé, el que siempre debería estar.

Con la tranquilidad de una pachanga entre colegas, metió dos cañonazos que -hay que decirlo- Riesgo se comió (hoy seguro que no quiso cenar). Bebé ha sido el héroe de la noche. El ojo se lleva otra vez al mago Trejo, pero también a esos dos latigazos estéticos y decisivos, que ilusionan al cuerpo, empezando por la retina.

LA BOTELLA MEDIO LLENA

Explosión de agua.

Como en esos anuncios de cava en los que salta el corcho y el líquido emerge, el agua de la botella, con tantos litros de optimismo, no cabe en ella y se ha convertido en una fuente franjirroja (¿La Fuente de la Asamblea?). Después de un resultado insospechado frente a uno de los candidatos más firmes al ascenso, el optimismo fluye a raudales. Y otro motivo hace que suba el líquido: Por fin el gran asistente, Álvaro García, dio una asistencia a la red…

EN DEFENSA DE…

Luca Zidane, salvador del resultado.

Los goles los hizo el Rayo y es lo que cuenta, pero el Leganés tuvo oportunidades clarísimas, por lo menos tres, en las que Luca Zidane, el criticado, sí, el que arriesga a veces, el inseguro, el que no sale, hoy salvó al equipo de la derrota. Fue valiente con el pensamiento y con los puños. Estuvo seguro. Consiguió que no se echara de menos a Dimitrievski y, tal vez, que se lo echara de más.

En un día de nervios y de esperanza ambigua, el Rayo estuvo a la altura no de los paracaidistas, más bien de los cohetes cuestionados que llegan a Marte. Disfrutemos de este insólito estado de shock. ¿Podrá nuestro corazón, atravesado por una franja de sangre más oscura, entender que el azar también tiene órgano jefe, y que durante el año los latidos de lo eventual han gobernado nuestros sentimientos y que, por lo tanto, lo que resta sigue siendo una batalla singular entre esos dos corazones?

¿Podrán entender los lectores la pregunta extensa?

Hoy, el saludo de este Pase Corto es para el grupo de WhatsApp “A las Armas!!!”. Envían buenos chistes porque aprenden mucho de los míos. ¡Abrazos, grupo eterno!

Y a la familia rayista, gracias por la lectura, a soñar con precaución y hasta el próximo Pase Corto.

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