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Rayo Vallecano 1-0 Girona: ‘El Rey es Catena’

Vallecas no es apta para cardíacos. Hay días en los que mereces ampliamente ganar y no lo haces. Y hay días en los que te acosan, te hostigan y te dan un soberano baile, pero ganas. Una metáfora deportiva que jamás podré entender, discúlpenme por ello. Pero este deporte es exageradamente caprichoso.

Habrá disputa sobre si el mejor regalo de Reyes en Vallecas ha sido la concesión de la famosa cautelar por el ‘Caso Zozulya’, o el poder volver a disfrutar, por unos minutos, de un Rayo valiente y con hambre. Los de Jémez resucitaron su mejor versión para acorralar al Girona, exprimirlo en su área y, para variar, amnistiarlo.

No entraba el gol porque la pólvora seguía mojada, porque este Rayo, a pesar de su mejoría en el juego, sigue necesitando un delantero como el hambriento un trozo de pan. Es el talón de Aquiles de un equipo condenado a generar cada fin de semana 15 ocasiones para conseguir convertir una.

Al drama ofensivo se le sumó un recital excelso de Asier Riesgo, que disfrazado de superhéroe paró, salvó y mantuvo a su equipo vivo con intervenciones milagrosas. Especialmente reseñable su papel en un tramo de 10 minutos donde detuvo hasta cuatro ocasiones clamorosas. No había manera.

Y al final, entró de rebote. Disparo al palo de Piovaccari a la salida de un córner y, en el rechace, Catena estira la pierna para mandar el cuero al fondo de las mallas rivales. Qué sensación aquella de cantar un gol, pensarían algunos. O todos.

El Girona poco a poco fue despertando, los pupilos de Martí dieron un paso adelante en materia de posesión, intentaron quitarle al Rayo su piedra más preciada, el balón. Y lo lograron. Nada más salir del túnel de vestuarios Stuani tuvo la más clara, en una acción propia de una novela de desdichas en la que Catena se tropieza y Dimitrievski se vuelca antes de tiempo. El balón, al palo; milagro navideño.

El enfado de Jémez representaba el sentir de una afición que empezaba a temblar, a sentir en sus carnes el reaparecer de los viejos fantasmas. El Rayo, a pesar de haber sido muy superior, no encauzó el partido y comenzó a sufrir. Marc Gual rozó la madera, Borja García se topó con Dimitrievski y Jonathan Soriano, la mandó arriba. Vallecas, de infarto en infarto.

No tuvo pólvora tampoco el Girona, que encadena 277 minutos ligueros sin marcar un sólo gol: no anotan desde el 3-1 al Lugo el 8 de diciembre; desde entonces, 2-0 en Soria, 0-3 ante el Mirandés y 1-0 en Vallecas. El Rayo vivió y bailó en el desastre catalán, brinda con una copa medio rota y vuelve a creer.

Pudo empatar el Girona, de hecho mereció empatar el Girona, pero el duelo de famélicos ataques acabó tintado con La Franja roja del barrio. Aquello de ‘estamos mal, pero por suerte hay otros que están aún peor’.

Un ‘y tú más’ futbolístico que reengancha al Rayo en la clasificación (a 5 del playoff), devuelve la ilusión a las gradas y levanta ánimos en el vestuario. Unas gradas, por cierto, que volvieron a demostrar un comportamiento ejemplar durante todo el partido. Quién podía imaginar, escuchando algunos relatos a lo largo de todas las Navidades tras el ‘Caso Zozulya’, que la gente de Vallecas es más que educada. Se caen varios cuentos. Y varias mentiras.

Así se llega a un fin de fiestas atípico, con victoria, sí, pero aún mucho que corregir. En el campo, el estilo no carbura; en los despachos, hacen falta fichajes. Como mínimo, un delantero y un extremo. Este Rayo, sin estar bien, está vivo.

Ahora, viaje a Barakaldo para jugar (12 de enero) el partido de Segunda Ronda de Copa. La Liga volverá el 15 de enero (miércoles) con la visita del Lugo a Vallecas. Ya lo dijo Jémez, va a ser un mes más de competir que de entrenar.

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