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Rayo Vallecano 1-3 Mallorca: ‘Diluvio de realidad’

Tenía que ser la tarde y no lo fue. El Rayo Vallecano confundió la euforia con la relajación y salió a jugar una final como si ya fuese equipo de Primera. Y claro, lo que se llevó fue un baño sonrojante. Como un papel entre los dedos, así se escapó la oportunidad de engancharse al ascenso directo (vencer era ponerse a 2 puntos y ganarle el golaverage al Mallorca). Porque damas y caballeros, hay carajas que además de dar vergüenza, tienen precios muy caros. Y esta fue una de ellas.

El Rayo hizo, probablemente, los peores primeros 20 minutos de toda su historia reciente. Fue un ridículo estrepitoso e impropio tanto de la categoría como de los objetivos a los que aspira el equipo. Un desastre que se resume fácilmente: en el minuto 19 el Mallorca ya ganaba 0-3 en Vallecas. Jugando al fútbol como un cirujano, los baleares aprovechaban todos y cada uno de los errores que iba cometiendo la Franja para clavar su daga e ir ampliando la ventaja.

En el minuto 3 los de Iraola erraron en un saque de banda y Amath, tras tirarse una pared de escándalo en la frontal, fusiló a Dimitrievski. Poco después, en el 13′, Pozo controló un balón de manera horrible y propició una pérdida que convirtió Abdón Prats. El delantero se plantó mano a mano contra Dimi y, aunque el portero hizo un paradón, el rebote le cayó al ariete para que la empujase a placer. Quedaba el tercero: falta en la frontal que transformó Salva Sevilla pegándole con delicadeza por encima de la barrera. La sensación en Vallecas era unánime: vergüenza.

Poco a poco los franjirrojos fueron dando pasos hacia delante y ganando terreno. Pero justo ahí es cuando se desató el circo arbitral. El Rayo pidió dos penaltis. El primero es dudoso tirando a ‘no’: Álvaro García recibió una ligera patada de Russo tras soltar el balón. Hubo contacto, pero parece insuficiente. El que carece de cualquier razonamiento lógico fue el segundo: codazo brutal de Bryan Oliván a Isi en la cara cuando el extremo entraba a rematar. Puede entenderse que Prieto Iglesias, desde el césped, no lo viese con claridad (aunque ciertamente, también cuesta). Pero es incomprensible es que De La Fuente Ramos, en el VAR, no dijese nada.

Isi no dio crédito a la decisión y con un chichón descomunal debajo del ojo derecho fue a exigirle explicaciones al árbitro, que argumentaba algo así como “nada, es fútbol”. Y no, lo que es es un vergüenza. Y una prueba más de que algo falla en el VAR, y en la cabeza de De La Fuente Ramos. El Rayo se enrabietó y encontró su gol en un zurdazo lejanísimo de Advíncula. Al peruano le chifla probar ese chut, recorte y zurdazo, pero nunca le sale. Aún así, no cesa. Y tal y como hizo ante el Albacete, esta vez encontró puerta (mención obligada a la inestimable ayuda de Reina, que puso la mano blanda y, entre eso y el bote del balón sobre el patatal de Vallecas, se la zampó).

A la funesta primera parte había que sumarle una catarsis más: Velázquez se marchó lesionado (y es grave, tiene roto el cuádriceps). Más problemas para Iraola, que si ya andaba corto de efectivos entre bajas y positivos, ahora pierde a uno más. En la segunda parte el técnico dio entrada a Comesaña y Andrés Martín por Pozo, que tuvo la peor tarde de su vida con la Franja e Isi, que arrastraba un enfado descomunal (y lógico) tras el codazo de Bryan Oliván. El Rayo no terminó de hacerse dueño y señor del partido. Y los minutos corrían mientras no llegaba el ansiado 2-3 que apretase el partido en los minutos finales.

Fue imposible. El Mallorca echó el cerrojo en la segunda parte y no ofreció huecos al Rayo. Los franjirrojos apenas chutaron una vez: Álvaro García, con la zurda; paró Reina en dos tiempos. La segunda parte fue antónimo de la primera, reinó la prudencia y el orden táctico sobre la verticalidad y la locura. Luis García Plaza le restó cafeína al partido; es lo que tenía que hacer. Y selló una victoria de oro. En el otro banquillo Iraola fue expulsado por roja directa. Ese fue el punto final a la que estaba llamada a ser una tarde ilusionante en el barrio, pero mutó en decepcionante.

La derrota fue un baño de humildad para el equipo, que llegaba con la moral por las nubes tras sumar seis triunfos seguidos y se marchó con el rabo entre las piernas. El Mallorca salió metido y se llevó los 3 puntos y el golaverage. Lección a aprender: nadie sube a Primera con la cabeza en las nubes y los pies dormidos. En esta categoría hay que sudar desde la primera hasta la última jornada, sin importar el rival o la racha. Porque 20 minutos desastrosos son más que suficientes para ponerte en tu sitio. Fue un diluvio de realidad. Y el miércoles llega el Barcelona (21:00 horas, DAZN/Mediaset).

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