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Athletic 1-2 Rayo Vallecano: ‘Un Rayo como una Catedral’

Cuenta la leyenda que el 21 de septiembre de 2021, el Tigre se comió al León. Este Rayo Vallecano, y su killer, impresionan. Descartada la teoría del espejismo: tres partidazos podían ser racha; cuatro son certeza. Y es que lo que ha conseguido implantar Iraola es tan sobresaliente que asusta. Sirvió para golear al Granada (4-0), azotar al Getafe (3-0), tropezar con honores en el Ciutat (1-1)… Y asaltar San Mamés. Vallecas aún se está acomodando en su butaca de Primera y ya tiene cuarto de permanencia en el bolsillo: 10 puntos, un potosí. Noche de nota que permite dormir en zona Champions. Palabras -no tan- mayores.

Y es que ‘la fórmula Andoni’ tiene tres ingredientes de lujo: descaro, verticalidad y unión. Su barco, más allá de nombres, es una cuadrilla, un grupo. La velada dejó al capitán del buque (Trejo) y a su mejor pistolero (Falcao) fuera del once. Y no resultó un problema. Sus remos aportan -y mucho, una barbaridad- pero no son imprescindibles. Nadie lo es en este equipo. Esa es su mayor virtud. Junto a su osadía, tan grande que roza lo maleducado. La Franja tardó cuatro minutos en marcarle a un equipo que había encajado sólo uno en 450′.

Y es que la vida hay que afrontarla con la fe de Sergi Guardiola, que fue a la presión, robó un balón por la espalda y, en un abrir y cerrar de ojos, había dejado a Alvarito solo en el área. El gaditano no se puso nervioso y marcó con una vaselina al palo largo. Manos a los mofletes y mute en las gradas. Se hizo el silencio absoluto. Y Vallecas, al unísono, quedó boquiabierta. Su Rayo estaba ganando en San Mamés. La primera media hora rayista fue de notable, con un equipo arrojado en la posesión y sacrificado en las disputas. Los jugadores mordían en las presiones como si cada balón fuese el último y salían a la contra con la misma actitud. Un Carpe Diem futbolístico: juega esta pelota, ya habrá tiempo de pensar en la siguiente.

El Athletic se fue al descanso con 0 disparos a puerta y, sin embargo, un gol. Hay días en los que el fútbol es así de caprichoso. Y cruel. Pathé Ciss fue la víctima y protagonista del harakiri. El senegalés peinó hacia su propia jaula un centro de Muniain, convirtiendo un envío inocente en un cohete imparable. Hizo lo que los mandamientos del fútbol dejan bien claro que nunca debe hacerse: atacar un balón en defensa orientado hacia tu arco. Rugían los leones. Ese gol hizo daño a la Franja Azul, que pudo llevarse un tiro de gracia tras un mal despeje de Catena: Nico, el pequeño de la camada Williams, se plantó solo en la frontal y la tiró fuera.

Todo se igualó en la segunda parte. El partido tuvo dos claves: por un lado una intensidad mayúscula; por el otro, la sensación de que en cualquier momento podía pasar algo. Fue un thriller de domingo por la tarde, en los que la trama avanza con una tensión tan monótona como adictiva, porque aunque no pasa nada, no puedes dejar de mirar el televisor. Basta que lo hagas para que muera alguien. O para que llegue un gol. Álvaro García, hiperactivo, probó a Unai Simón justo antes de que empezase a caer el diluvio universal sobre San Mamés. Lo dicho, hasta el ambiente era Hollywood.

Y el Óscar fue para el Tigre, como no. Era el minuto 95 de un descuento eterno (el partido se iba hasta el 97′). Falcao provocó una falta en el pico del área, se fue a la frontal del área pequeña y levantó los brazos diciéndole a Bebé: “Aquí la quiero”. La realización televisiva hizo zoom y todo el planeta apreció la mirada del tigre. Bebé, generoso, aceptó la demanda y puso el balón exactamente donde le habían señalado. Y Falcao, entrando como un avión, remató de cabeza e hizo el 1-2. Así de fácil. “Si me la pones aquí es gol”, le dijo Radamel con la mirada. Y cumplió. Segundo rugido en su segundo partido.

La Franja encadena cuatro jornadas sin perder y se acuesta en puestos Champions. Un partido más, la imagen fue impresionante. Iraola ha creado un monstruo. Un Rayo como una Catedral.

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