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Elche 2-1 Rayo Vallecano: ‘Recital dramático’

Al Martínez Valero llegó un Rayo herido y de él, salió uno magullado. Un equipo que lleva 150 días sin ganar en Liga fuera de casa (desde el 21 de septiembre, 1-2 en San Mamés) y que aún no ha sumado 3 puntos en todo el 2022. Tras 76 minutos de recital, todo se esfumó en 8′. La Franja pudo ganar y perdió. Pudo resucitar y volvió al Paseo de los Tristes en el que se ha convertido la Albufera desde que sonaron las doce campanadas. El ‘EuroRayo’ sigue de retiro espiritual y el sueño de, al menos, alcanzar la séptima plaza (y cruzar los dedos por que esta de una plaza de Conference) empieza a ser utópico. Pudo ser un viernes de frenesí y lo fue de desastre. Pudo ser tantas cosas y lo que fue, al final, es otro capítulo para olvidar.

Y eso que durante 76 minutos se vio al mejor Rayo del año, con una primera parte de sobresaliente bajo. Ese equipo que enamoró antes de Navidad con una mezcla de fútbol horizontal y vertical que roza la perfección; idolatrada fórmula de mucha posesión en zona intermedia y cuando te despistas, zas, balón a la espalda de tu lateral y un extremo ya está solo. Los de Iraola, cuando están bien, juegan tan de memoria que si parpadeas te lo pierdes. Y la más clara del primer capítulo fue el perfecto reflejo de ello. Luca Zidane (que sentó a Dimitrievski) sirvió un balón con música a Trejo, este peinó para Sergi Guardiola y el delantero, casi de primeras, filtró hacia la banda. Tres toques y la bala de Utrera ya estaba sola dentro del área con Isi aún más solo para recibir y empujarla. Pero el andaluz decidió disparar y la tiró fuera. Un error grotesco.

Y aunque sí fue el mayor, no el único. Catena no llegó de cabeza a empujar un centro del Chocota y Fran García, disparando desde la frontal, se topó con los sólidos guantes de Edgar Badía. Insistió e insistió la Franja, dueña y señora donde llevaba 31 años sin ganar. Y donde no había ni puntuado en toda su historia como equipo de Primera. Sólo hubo una tímida mancha en la blanca camisa: Comesaña, algo sobrepasado, rozó la segunda amarilla tras llegar tarde a un lance con Omar Mascarell. Más allá de esa ocasión, ese sobresaliente bajo que habría sido matrícula con un poco de puntería. En 45 minutos el Rayo de hace mes y medio confirmó que estar, está ahí.

Sólo le faltaba el guiño de la diosa fortuna, que por el humilde barrio madrileño tiende a pasear poco. Eso hace que sus detalles, al escasos, sepan mejor. Y media firma al zurdazo de Fran García llevó su nombre: el lateral voleó con el alma, tocó en un defensa y entró en la portería tras trazar una parábola inexplicable para cualquier físico o matemático. El gol estaba escrito, no le busquen más lógica, tenía que pasar. Fran García corrió hacia la banda rozando la incredulidad, como si le hubiese pillado tan por sorpresa el zarpazo que no sabía ni qué hacer. Cómo celebrarlo. Descolocado, decidió abrazarse a varios miembros de los servicios médicos y a Kevin Rodrigues, darse un baño de masas. Pues así, con tu gente, se celebran de maravilla las cosas.

Intentó estirarse el Elche, tirar de corazón. Estaba siendo superado con claridad pero no bajaba los brazos. Y en un minuto catastrófico, el 76′, halló el milagro. Saveljich se hizo daño al caer y quedó tendido dentro del área, arrastrándose, literalmente, hacia la línea de fondo mientras el partido seguía su curso. El Elche atacó por la derecha, Pere Milla cabeceó al larguero y Guido Carrillo, entrando en carrera, fusiló de cabeza golpeando a Catena con el brazo, que también cayó al suelo. El contacto fue muy leve, insuficiente: gol legal. Pero la fotografía del Elche celebrando con Saveljich fuera tras haberse arrastrado hacia la banda y Catena pidiendo las asistencias fue, cuanto menos, sórdida.

Quedaba la guinda, la remontada: tras una falta de Isi a la barrera, los ilicitanos montaron la contra y Ezequiel Ponce, que volvía al fútbol tras cuatro meses fuera por lesión, lo hizo a lo grande. Con la capa de superhéroe. Recibió un balón a la espalda de Pathé Ciss, regateó a Luca y marcó a portería vacía. Delirio en las gradas y desazón en Vallecas. Lo dicho, la fortuna es alérgica a este barrio. Las botellas de champán, rumbo de nuevo a la despensa. El Rayo sigue sin ganar en Liga en todo el 2022, sumergido en esa crisis particular que ya es devastadora. En el Martínez Valero jugó como nunca… Y ya saben como acaba el dicho. Pues lo que viene, ahora, es el Real Madrid a Vallecas. Último tren.

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