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Girona 2-2 Rayo Vallecano: ‘Entre arrebatos y penaltis’

Dos destellos hicieron soñar en las tinieblas. Un gol, un melocotonazo… y dos penaltis en contra. Estos últimos mermaron un amago de dejá vù en Montilivi, que en cierto modo volvió a ser el Edén de las quimeras franjirrojas. Donde el verano de 2021 la Franja remontó para volver a Primera (0-2); donde en enero de 2022 se firmó el billete a cuartos de Copa (1-2); y donde a la tercera, se rozó un triunfo que, pese a gris, asoma al León de Nevir a las jaulas europeas. Que entre el Betis. Fue el último partido sin RdT en la plantilla y la despedida, tuvo su ‘hasta pronto’: Camello rugió a los pocos segundos y gritó ‘aquí seguiré yo, no se olviden’. Fue una noche de reivindicaciones cerrada por Isi, al que el enojo mundialista, quién sabe, puede durarle. Ahí fue un balón a la escuadra que hizo soñar al Rayo Vallecano en un partido mejorable. Pero valioso.

Así son algunas noches, feas y memorables. Dio fe una Franja que se plantó en la guarida del Girona sin dos pilares como Catena y Óscar Valentín; al césped, Mumin y Pathé Ciss. Los vallecanos salieron con el machete entre los dientes y sangre en los ojos. Tan vivos como hambrientos. Así, al mínimo error local, llegó el primero: Miguel Gutiérrez cedió de espaldas y, sin querer, propició que Camello se plantase ante Gazzaniga. Era el segundo minuto de partido y el delantero no se puso nervioso, transformando con un disparo raso al palo largo. Bienvenida, LaLiga. Este es el Rayo, por si se te había olvidado. Una locura de equipo que no ofrece respiros.

Su problema es que en ese vals de la demencia, también tiene sus bajones. Bajonazos. Porque la Franja desapareció y hay un dato que lo resume: no volvió a pisar el área rival, con balón, hasta el minuto 45. Nada de nada, volviéndose un títere ante un Girona que poco a poco, fue llenando su depósito de fe. Llegaron, llegaron y llegaron los de Míchel. Hasta que mordieron: Fran García, de manera inocente e involuntaria, cometió un pisotón dentro del área que Figueroa Vázquez pareció ver en directo, por sus aspavientos de negativa. “¡Nada! ¡Nada!”. Pese a ello, fue al VAR a verlo de nuevo y tras apreciar un pisotón que, sobre el papel, parecía que ya haber visto antes, señaló penalti. No falló Castellanos, duro al medio.

Descanso. Fue necesario. Y mejoró algo el Rayo, revitalizando el pulso de un partido que se volvió un tira y afloja durante 20 minutos. En ausencia de Trejo (translúcido y eso es noticia), la responsabilidad cayó en las bandas de Álvaro García e Isi. Así, en un contragolpe, Camello se plantó en la medialuna, sirvió hacia Isi y este, llegando en carrera, puso el balón a la escuadra. Melocotonazo. Y ahí pudo matarlo el conjunto vallecano. De la misma forma… ahí se le esfumó la victoria. Porque tuvo dos ocasiones vertiginosas: Unai López soltó un misil a la escuadra que Gazzaniga palmeó a córner e Isi, tras recibir un balón botando dentro del área, perdonó lo que era un chut a bocajarro.

Lo pagaron, claro. Porque el dicho no es clemente. Y fue, otra vez, de penalti. Lejeune cometió una mano tan polémica como involuntaria. Cayéndose al suelo, el esférico le dio en el “brazo de apoyo”, lo que el colegiado indicó como pena máxima. “¿Qué puedo hacer? ¿Qué puedo hacer?”, gritó el central al árbitro, sin encontrar consuelo ni respuestas. Tampoco enmiendas. Se mantuvo la decisión y no falló Samu Saiz. Dos penaltis a favor de los catalanes y dos goles que frenaron la euforia de los vallecanos.

Porque el ímpetu tuvo un último arreón que quedó en nada: Falcao a punto estuvo de cabecear en el área pequeña un centro de esos que es más un despeje. También las tuvo el Girona, vaya que sí. Hasta marcar el 3-2 en el minuto 96, anulado por un claro fuera de juego. Ahí suspiró el Rayo. “Todo lo que no sea perder fuera de casa, siempre es bueno”, dijo Camello en la entrevista pospartido. No se podía ser más frío en un momento más caliente. El Rayo retornó al barrio con un punto y la butaca muy cerca de la preferencia europea. No es poco, pero pudo ser más. Y que sepa amargo, habla bien del paladar. Hay hambre de cosas grandes. Quién sabe qué depara el 2023. He’re comes the sun.

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