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Las siestas perdidas: Rayo Vallecano-Almería

Tras dormir rematadamente mal desperté aún peor. En condiciones normales un poquito de dolor de cabeza, malestar general y tos lo puede tener cualquiera pero en 2020… uyuyuy. Paracetamol y pasar el día en modo perro hasta que la cosa mejorara.

No lo hizo y después de comer le di caña al sillón. La cabeza me iba a estallar y no paraba de ir al baño,pero conseguí dar una cabezadita. Estaba durmiendo como un angelito cuando una alarma saltó en mi cerebro. Jugaba la Agrupación Deportiva el Rayo Vallecano en Vallecas y no debía perdermelo. Hasta ahora la localía de los de Iraola implicaba victoria y al menos estaría entretenido. Eso soñé en los dos primeros minutos de ritmo alto, pero ahora me pregunto en qué demonios estaría pensando. El Rayo se dejó ir comiendo la tostada imaginando que como siempre, caería de su lado,pero hay cosas contra las que no se puede luchar. Tener el enemigo en casa, por ejemplo. Algunos ingenuos pensamos en su momento que la autoexpulsión de Luis Advincula sería el último partido del peruano como rayista. (Esto me suena,creo que ya lo he escrito otras veces) Temporada y media después solo queda una persona en la faz de la tierra que siga confiando en la “inversión “. Mackauly Culkin podía hacer perrerías a sus “visitantes ” en la saga “Solo en casa” ,pero aquí hay árbitro, y su actuación no deja de ser una secuela de la misma película tantas veces vista.

Por suerte para él al equipo le fue bien. La víctima fue Pozo, el único que había hecho algún ataque prometedor, la pieza prescindible en aras de un equilibrio que llegó. A partir de ahí conté hasta setenta y tres intentos de girarme en el sillón pero resistí y pude ver cómo una astucia que devolvió la igualdad numérica fue el principio del fin.

Umar Sadiq, prometedor delantero almeriense apercibido con una cartulina amarilla y alma cándida buscó con agresividad un rechace,encogió el pie a tiempo pero Óscar Trejo demostró sus clases de arte dramático en Cristina Rota y la protesta general llevó al árbitro,tan malo como su hermano a equivocarse torpemente y mandar a la ducha al nigeriano .El delantero pedía el VAR seguro de su inocencia pero resignado al saber que sala VOR no puede revisar las tarjetas amarillas.

El Rayo se animó y Qasmi sintió un dejà-vu. El bueno de Yacine lleva ya más penaltis escamoteados que goles anotados. Auguro que la próxima vez serán unas manos a un tiro suyo porque el planchazo y el codazo/hombrazo ya los ha sufrido. En este fútbol en el que se revisan y anulan goles por tener una mano en fuera de juego o se señalan penas máximas por tocar la pelota en tu área y tener el brazo despegado del cuerpo, aunque sea de rebote es incomprensible que un penalty así no se mirase. En el marasmo una buena jugada visitante acaba con un control hombro/brazo del lateral almeriense, un córner,una torrija en la marca y un gol de los mediterráneos (0-1) sin tiempo para reaccionar y con una derrota que,hoy si,como su goleador ,nos pone mirando para Cuenca.

El fútbol anodino del Rayo quedaba disimulado con el pleno de victorias, pero hoy tocó perder y la franja debe cambiar.

Escribió Samuel Johnson,poeta británico del siglo XVIII que “por oro no vendas lo que nunca podrás comprar con oro: la tranquila siesta, el satisfecho día, la limpia fama y la conciencia alegre. Una mosca, señor, puede picar a un caballo majestuoso y hacerlo estremecerse de dolor”.

El tío Sam era del Rayo y no lo sabía. ¡ Qué sueño tengo,leche!.

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