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Mantras y comparaciones odiosas


LA CONTRACRÓNICA


Owen Jones, joven politólogo inglés, explica en el ensayo que le dio a conocer, «Chavs, la demonización de la clase obrera», el éxito del Margaret Thatcher y sucesores en el Reino Unido al quebrar la conciencia de clase a través de un estereotipo generalizado y llevado al absurdo, el de la choni o el cani, induciendo a pensar que toda la clase baja o trabajadora es maleducada, grosera, vive de la ayuda o el subsidio y no da palo al agua. Esa política que nos ha elevado a los demás, que no tenemos donde caernos muertos, a la categoría de clase media , nos ha hecho un daño tremendo y el Rayo no es una excepción.

Nuestros jugadores y entrenador se creen clase media. Y así nos va. Algunos lucen como chavs, conducen deportivos y peinan cortes de trap y regaetton. Otros, más conscientes de que se están jugando el chalet nuevo y aún están pagando la nevera de tres puertas se sienten responsabilizados, lo están intentando pero sin convicción, ni rebeldía, ni mala leche.Queda incluso algún cani de verdad, subsidiado con un contrato largo de pierna corta y lomo ancho. Queda esa triste  sensación de que , para alguno, en un partido como el de ayer no convenía dar la nota, que alguien del sistema te veta y te ves jugando en el Roquetas de Mar en menos que canta un gallo.

Con alguna excepción, este equipo se conforma con derrotas mínimas en escenarios máximos y con dar un susto en Vallecas a algún grande. Con eso no llega.

Cuando  los resultados no salen  llegan los mantras resignados, que ya no engañan a nadie. «Estamos trabajando bien», «estoy contento con el rendimiento de mis jugadores», «hoy el equipo ha competido». Porque sabes que tu costado más débil es el izquierdo y refuerzas el derecho. Porque te entran por ese perfil cuatro veces en diez minutos y no lo corriges hasta que te marcan un gol, porque aquel señor de las tres mil viviendas que montó equipos de fútbol para que los niños no cayeran en vicios les decía a Burque y Peinado en Radio Gaga que no sabía lo que era el fuera de juego y la defensa del Rayo y su entrenador tampoco, porque ves un Madrid desconocido y ni siquiera lo intentas hasta el tramo final más por inercia y por temor del rival que por empuje propio,  porque pensareis que soy demasiado duro hablando del Rayo frente al Real Madrid pero duro es tener 10 puntos en 16 jornadas y no ver soluciones ni en el banquillo, ni en la oficina ni en el palco.

Luego vienen las comparaciones odiosas con vecinos cercanos, odiosos y odiados. Hablamos del Getafe y todos se llevan las manos a la cabeza. El diablo, el anti fútbol, criaturas del Averno…

Los de Bordalás llevan 2 goles más que nosotros, ni quiero mirar cuántos goles encajados menos y 14 puntos más que la franja. Allí todo el mundo trabaja. El presidente suelta paridas cada dos por tres, centra el foco en él y deja trabajar a los que saben. El entrenador no se casa con nadie y exprime al máximo a los suyos.Los jugadores defienden cuando hay que defender, atacan en su momento, pierden tiempo cuando es preciso, son cínicos en la protesta,  tácticos en la falta y siempre tienen el colmillo afilado. Vaya, que saben lo que tienen que hacer y están plenamente motivados. El secretario técnico busca jugadores competitivos y si nos lo encuentra se va a Uruguay. En Madrid ya sabemos que si quieres tener jugadores fiables , rocosos y comprometidos debes buscar allí. El Getafe tiene a Damián Suárez, Cabrera, Cristoforo y Arambarri, el Leganés a Michael Santos y Diego Rolan, el Atleti ya lo sabemos y hasta el Madrid da bola a charrúas como Fede Valverde.

Michel descubrió a Velázquez en alguna esquina del banquillo y lo puso. Nuestro uruguayo habló en el campo (de lo poco rescatable) y fuera de él dejó claro al compañero con derechos y micro que no está contento y qué «tenemos que defender más, atacar más y ser más equipo».

Aún así un par de acciones en la gran manzana del área madridista en el último suspiro estuvieron a punto de darnos el empate en el Bernabéu  pero Courtois en un mal despeje primero y en uno que hubiera sido gol si no hubiera sido por Carvajal (tápate grandullón) lo evitó para solaz blanco y frustración de clase obrera, no media.

El título alternativo de esta contracrónica era «Balas sobre Broadway» pero cambié de idea y lo dejo por hoy.  Escribiendo sobre los partidos del Rayo me empieza a pasar como a Woody Allen en «Misterioso Asesinato en Manhattan» tras escuchar a Wagner. Me entran ganas de invadir Polonia.

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